Por qué existen
Las localidades de pie son una herencia del siglo XIX que sigue viva en parte por tradición y en parte porque los teatros con financiación pública tienen la obligación de ser accesibles. No son un premio de consolación: en varios de los edificios de esta guía, los sitios de pie suenan mejor que las butacas caras.
Viena
La Staatsoper es el caso más claro del mundo. Unas quinientas localidades por función, vendidas en una puerta propia de la Operngasse ochenta minutos antes de que se levante el telón, por unos pocos euros. Los sitios del parterre, detrás del patio de butacas, tienen visión completa. Ata una bufanda a la barandilla de latón para guardar tu sitio durante el entreacto; es el método local aceptado y nadie la moverá.
Londres
El promming en el Royal Albert Hall dura ocho semanas cada verano. Alrededor de mil localidades por noche, vendidas el mismo día, de pie en la arena a pocos metros de la orquesta o arriba en la galería. Se pensó en 1895 para que costara más o menos lo que una pinta, y así sigue.
Milán y otros lugares
La Scala apunta a los aspirantes a la galería dos horas antes de la función y deja entrar a unos ciento cuarenta. El Burgtheater y el Musikverein venden entradas de pie por menos de lo que cuesta un café con tarta.
Lo que te pide a cambio
Tiempo y piernas. De dos a cuatro horas de pie en una ópera, una cola previa y ningún asiento en el entreacto. A cambio te llevas la sala, la orquesta y la compañía de quienes mejor conocen el repertorio, porque los habituales van de pie.


